domingo, 28 de septiembre de 2014

LOS 25 AÑOS LIBRES DE POLONIA

Este año, Berlín está celebrando los 25 años de la Caída del Muro, pero antes que la capital alemana Polonia alzó los brazos al cielo. Sin parangón entre los países del Este, abrió una cuña valerosa y difícil. Sus habitantes hablan de ello hoy, con orgullo y alegría



Texto y fotos: Cristina M. Sacristán




Alexandra Olszewszka arregla a diario las flores de la valla que escaló su amigo Lech Walesa en los astilleros de Gdansk, en 1980.

  Alexandra, con sus casi 90 años, acondiciona a diario las flores de la valla que su amigo Lech Walesa escaló ilegalmente en la famosa huelga de agosto de 1980, en los astilleros Lenin de Gdansk. Coqueta y pizpireta, cuenta hoy con un kiosco de souvenirs de la Revolución de Solidaridad que allí se homenajea. Su marido trabajaba codo con codo con el que más tarde fue presidente de Polonia, y entonces un sencillo electricista.

  El recorrido por Polonia, un país renacido, bellísimo y beneficiado por las ayudas de la Unión Europea en los últimos años, está preñado de recuerdos de lo que no fue bien en el pasado. Nación invadida por prusianos, nazis, soviéticos y hasta suecos, atravesó un siglo XX repleto de muerte y destrucción. Así, Paulina nos muestra unas fotografías de un Poznan desolado por la II Guerra Mundial, mientras nos dejamos acariciar por el tibio sol de marzo en la preciosa plaza del Mercado de la ciudad. Un grupo de periodistas recorríamos los destinos de la Eurocopa 2012, feliz pretexto para descubrir de cerca este desconocido país, repleto de detalles hermosos, líricos, pero también de fotografías en blanco y negro.

  Paulina es muy inteligente, además de guapa, y tiene mucho sentido del humor, pero al igual que sus paisanos se pone muy seria al recordar los duros capítulos de la Historia polaca. Y eso que la ciudad del Lech Poznan no fue destruida del todo, como ocurrió con Varsovia. Y hoy luce flamantemente. Su Plaza del Mercado, llena de algarabía, es una belleza renacentista, con fachadas por las que no parece haber pasado el tiempo, y evocaciones medievales. Como casi toda Polonia, restaurada, reconstruida. Nadie lo diría.



Paulina Ratkowska muestra el flamante Ayuntamiento de Poznan, en la Plaza del Mercado.



   Se diría que los polacos tienen la virtud de hacer que lo más difícil parezca fácil. Como virtuosos bailarines de ballet... De este modo, los nazis bombardearon con saña, durante tres meses, el alma polaca: su actual capital, Varsovia. El país hubo de ser rehecho en torno a un 80%, pero en el caso de los varsovianos, exhaustos, con apenas unas vigas en pie, se propusieron plantar cara a los nazis, algo así como decirles "Has destruido mi casa, pero no a mí", narra Agata Witoslawska, directora de Turismo de Polonia en Madrid. Hasta el castillo de los teutones, en Malbork, fue diezmado por las bombas nazis... es un paisaje que a los polacos les cuesta olvidar. Especialmente, porque, tras la devastación de la magna guerra, se vieron dominados por un férreo régimen soviético, una dictadura, dicen, que los ahogó durante 40 años. "Nos vendieron a Stalin", indica Joanna Zawadzka, vocacional profesora y guía en Wroclaw. Joanna, que le dobla la edad a Paulina, explica en la preciosa Universidad de su ciudad cómo los rusos fueron virtualmente los más abatidos en la II Guerra Mundial (murieron 20 millones de ellos), pero que, en proporción, fue Polonia la nación más herida, debido a que mataron a 6 millones de polacos, lo que significó un 20% de la población (frente al 10% de los rusos diezmados). Además, recuerda Joanna, un número elevado de polacos se vieron obligados a emigrar. Actualmente hay importantes colonias en Estados Unidos, por ejemplo.



Joanna Zawadzka explica a unos periodistas en qué consiste la preciosa y barroca Aula Leopoldina, de la Universidad silesiana.


  Los judíos polacos fueron asediados con ahínco, tal y como muestran las películas El pianista y La lista de Schindler. En el caso de Wroclaw, fue prusiana, alemana, judía... y, en esa confusión, el famoso Alzheimer nació aquí. Ni los nazis, ni la represión estalinista, ni los fríos inviernos pudieron con esta urbe de la Silesia, que dio a luz a media docena de Premios Nobel. Y actualmente mira con energía y grandes avances a 2016, cuando ostentará el título de Capital de la Cultura, junto con la vasca y cinematográfica Donostia. "El país sí está en plena efervescencia, y Wroclaw en particular, muy pujante", me decía en 2012 la responsable de la Oficina de la capitalidad donostiarra, Eva Salaberria. Universidades magníficas, grandes escritores, muchos estudiantes, importantes negocios... Lo que está sucediendo en Wroclaw se corresponde con la transformación de las grandes ciudades polacas en los últimos años, si bien la Polonia, golpeada, recortada, dolorida, no deja de ser, por méritos propios, la cuna de Chopin, de Copérnico, de Marie Curie, de Szymborska, de Joseph Conrad...




Un gnomo encadenado en Wroclaw. Estas figuritas denuncian la represión soviet desde curiosos rincones de la ciudad.



  Joanna reconoce que, gracias a la Eurocopa 2012, las infraestructuras se dispararon en el país, pues "antes eran muy malas, era un país muy destruido". Así lo confirma en Gdansk Mariusz Lewy, un guía con formación política, lo que lo convierte en una nutritiva brújula por la ciudad de Lech Walesa. Al recorrer el país, en dos periodos distintos, los oriundos coinciden en puntualizar que se van quedando lejos los tiempos de racionamiento y control ideológico, pero que aún sus sueldos no son muy altos y que, por ejemplo, no acostumbran a salir a comer o cenar fuera de casa, como sucede en otros países europeos. El polaco es educado, culto, discreto. Incluso, demasiado. "Date cuenta de que estuvimos bastante acomplejados", aclara Agata Witoslawska. El ostracismo tan largo que vivieron, y que tanto les frenó, produjo que los polacos hayan empezado recientemente a respirar aire puro, libre.

 Tienen mérito, pues, al desenvolverse en un fluido inglés, al ir organizándose con buen gusto y, siempre, invariablemente, con esa mesa detallista, con esa vela y esas flores, con el camarero dándote a probar el vino... En el caso de Mariusz, que estudió durante una temporada en Sevilla, no disimula su 'hambre' de apertura, y le encanta charlar con personas de todo el mundo. Es curiosa la inclinación de los polacos por el castellano; además del sol español, que tanto les gusta, les da por aprender otros idiomas que no sean alemán o ruso. "Es que no nos gustan, porque nos hicieron mucho daño", apunta Marcin, un conductor con la cabeza muy bien amueblada pero, llamativamente, de sólo 22 años de edad. Polonia sigue de renacimiento, pero no olvida...



La guía muestra cómo quedó el Castillo de Malbork tras el bombardeo de 1945.

  Mariusz nos lleva, muy solemne, a la exposición Caminos hacia la Libertad, ubicada en un búnker de Gdansk, donde se recrean celdas para disidentes políticos y otras características del racionamiento alimenticio e ideológico durante las cuatro décadas de dominio soviético. La represión contra los huelguistas que narra Alexandra, en los tiempos de Walesa. Y, como hermoso y expresivo símbolo, unas enormes piezas de dominó, que muestran a Polonia liderando la "liberación" de su zona de influencia, seguida de la República Checa, Hungría, Bulgaria... en pos de un nuevo sistema.

  No logré entrevistar a Walesa en mi primer viaje a Polonia. Él sigue teniendo su casa en Gdansk, y su ex mujer, Danuta, también vive allí. Alexandra nos contaba, con su estilo vivaracho, que en ocasiones coincide con ella cuando van a llevar a los nietos a la iglesia (Polonia, patria de Juan Pablo II, es marcadamente católica). "Walesa no caminaba, sino volaba", recordaba Alexandra, con ese lirismo que tanto impregna las cosas de los polacos. Walesa sufrió cárcel, consiguió liderar el sindicato Solidaridad (Solidarnosc), que Solidaridad llegara al poder y que él se convirtiera en presidente electo en 1989. Revalidó su cargo hasta 1995, con la bendición de Wojtyla. Premio Nobel de la Paz y doctor honoris causa en varias universidades del mundo, los polacos hoy le recuerdan más por sus logros democratizadores que por su carisma como mandatario; hay que tener en cuenta que la preparación cultural de Walesa no era tan grande como sus ganas de mejorar las condiciones de vida de sus compatriotas...


"Ahora volvemos", reza el cartel de la tienda emulada en 'Caminos hacia la Libertad'.


  Al atravesar Polonia, sus llanuras son inmensas. Esa peculiaridad la convirtió en un campo de batalla idóneo en la antigüedad. Además, está situada en el corazón de Europa, y entre Alemania y Rusia, vecinos que le dieron no pocos dolores de cabeza... y de corazón. Actualmente, Polonia se enfrenta a su futuro con la duda de si seguirá los pasos de España -ellos han solido mirarse en el espejo de su transición-. Desde luego, visitar los astilleros de Gdansk, donde pelearon Walesa y los suyos contra la opresión, es como un flash back de la Ría de Bilbao antes de la reconversión industrial de los años 80. Y, al terminarse las ayudas de la UE y tener que volar sola, ahora que tiene alas nuevas, tendrá que ir comprobando si puede pisar con firmeza económicamente, más allá de su maravilloso y sólido legado cultural, tan delicado como la seda, como un bordado de filigrana...


 

Homenaje a los judíos polacos enfrente del nuevo Museo de los Hebreos, en Varsovia.


   Este año, el del aniversario del Desembarco de Normandía, en el que se han removido tantas cosas de la Gran Guerra, y el Jubileo de los 25 años de la Caída del Muro de Berlín, los polacos consultados reivindican que "nosotros tuvimos antes que Berlín la libertad". Y, sí, es cierto que la liberación de Polonia de los 40 años de régimen soviético se produjo antes del verano. Del mismo modo que Leipzig organizó su Revolución Pacífica antes de que el muro berlinés viera caer sus primeros ladrillos... De los 25 años de la Caída del Muro de Berlín voy informando en diversos medios, y ahora que se acerca el Día D, el 9 de noviembre, les prepararé una ampliación actualizada en El Tintero. Entretanto, en Gdansk aún se dejan ver algunas edificaciones tipo colmena, de tinte soviet, y los varsovianos siguen tragando saliva ante uno de sus más emblemáticos edificios: el Palacio de la Cultura y la Ciencia. Regalo de la URSS a Polonia, para inmortalizar su último edificio comunista en el país...



El fotógrafo Ángel López-Soto retrata la palabra 'Libertad' en varios idiomas, junto a la exposición homónima en Gdansk.



Para más información: Solidaridad se tradujo como libertad (Deia, 2012)
Recorrido por Gdansk en la revista ON (2012)
Reportaje sobre la Varsovia actual  (El Tintero y Onda Vasca, 2013)
Rutas por los Destinos de la Eurocopa (y segundo bloque, revista ON 2012)
Wroclaw, fuerte y artística para 2016  (Deia, 2012)
Otros reportajes sobre Polonia, recogidos en El Tintero y en la Galería Fotográfica
Turismo de Polonia
Pronto, actualización en El Tintero de mis trabajos en el Jubileo de la Caída del Muro de Berlín
Reportaje sobre Movimientos literarios multiculturales en Berlín (El Asombrario, Eldiario.es, octubre 2014)



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