lunes, 7 de abril de 2014

DUBLINERS, RÍOS DE ACORDES Y TINTA


Ciudad de la Literatura, histórica, repleta de música celta y moderna, tradicional y cosmopolita, Dublín tiene recorridos culturales interminables. Les invito a un paseo por algunos de ellos con acordes de Handel, de gaitas y arpas, e impresos con letras de Joyce, Wilde, Swift, Beckett...



Texto y fotos: Cristina M. Sacristán


Impresionante el interior de la Biblioteca de Trinity College. Aquí se alberga el primer manuscrito irlandés...




It´s the history. It´s the love of words...
It´s a city of literature, of course it is. It´s Dublin
John Boyne, autor de El niño con el pijama de rayas



  Al llevarnos desde el aeropuerto al hotel, el taxista Paul, alto, con su gorra típica irlandesa, aparentemente serio, se pone a cantar Molly Malone. La charla multicultural le ha estimulado a hacerlo, si bien a los irlandeses sólo les hace falta un pequeño pretexto para arrancarse con una canción, contar un chiste o hacer un comentario animado. Desde luego, una pinta, a poder ser de Guinness, puede ser la excusa, así como una reunión entre amigos o cualquier festividad. Si es Saint Patrick´s Day, las posibilidades se disparan, siempre sin perder del todo ese aire elegante que les caracteriza.

  Pero 364 días más los irlandeses deparan una sonrisa. La canción que entona Paul se convirtió en el himno no oficial de Irlanda, con esa figura algo doliente, situada en Grafton Street, cerquísima de Trinity College. En Dublín todo parece un buen pretexto para la creatividad. Por ejemplo, posiblemente la mítica Molly, y su carro de marisco callejero, sea la escultura más figurativa que nos encontramos en una ciudad que cuenta con uno de los Museos de Arte Contemporáneo más significativos de Europa. La mayoría de las estatuas, que no son pocas, se muestran vanguardistas e incluso desgarradas, como en el caso de esas figuras situadas a orillas del Liffey, junto al Centro de Convenciones, evocando a los irlandeses que, sufriendo la gran hambruna del siglo XIX, tomaron el barco Jeanie Johnston rumbo a Estados Unidos y Canadá. Así, por ejemplo, los fundadores de la ciudad de Nueva York eran en su mayoría irlandeses, e incluso Obama debe de tener un antecedente muy lejano procedente de la isla esmeralda.


Los letreros suelen estar escritos primero en irlandés y, después, en inglés.

  Sucede algo curioso al recorrer y vivir Dublín. Por un lado, están esos edificios de fachadas georgianas y puertas rojas, azules, verdes, amarillas o grises, y sus pomos y aldabas de la época del Rey Jorge (s. XVIII), con flores en las ventanas. La imagen de los pubs inevitables, en madera y oscuros, por cualquier rincón, prioritariamente en la zona de ambiente, Temple Bar. La fachada de ladrillo inherente a Irlanda. Y, por otra parte, contrastan modernas edificaciones con diseños rompedores, especialmente en torno a los Docklands, lo que generó que Dublín concurriera con Bilbao y Capetown en la designación de Capital del Diseño. Título que finalmente se llevó Ciudad del Cabo.

  Pues algo similar ocurre con su tradición y su modernidad en lo cotidiano. De un lado, los dublineses presentan todos sus letreros en irlandés (gaélico), por delante del inglés, y su música celta suena con frecuencia y los espectáculos en vivo son casi constantes en la capital. Pero al mismo tiempo Dublín es moderna, cosmopolita, multicultural, de una gran mixtura racial. Pragmática y resolutiva, con las firmas tecnológicas más punteras con su sede principal cerca de los Docklands, en varias calles (Grand Canal Dock). Google, Apple, Facebook, Twitter... Hasta 600 compañías de vanguardia tecnológica a nivel europeo, nada menos. De ello se sentía orgulloso el alcalde Oisín Quinn la víspera de St. Patrick´s Day. Me decía que "una generación de gente joven y con talento puede encontrar aquí un escenario ideal para desarrollarse laboralmente. Además, la oferta universitaria es grande".



Típica puerta georgiana, acercándonos a los modernísimos Docklands.



  Así me lo atestiguaba Betty, una alemana de origen que vivió en Canarias y lleva ahora varios años instalada en Dublín, donde trabaja para Google. Ella y su pareja están encantados con la vida dublinesa, donde pueden desarrollar sus carreras satisfactoriamente. Viven en la zona más moderna, que fue mejorada cuando Dublín concurrió en la Capitalidad del Diseño. También me encontré con unos españoles que trabajan en la Universidad y que están muy contentos. Reconocen que la crisis ha afectado a algunas personas en Irlanda, aunque... nada que ver con la piel de toro...

  En cuanto al irlandés o Irish, sucede algo curioso. Oficialmente, los irlandeses son bilingües, y de hecho han de estudiar en el colegio también en gaélico. Los letreros se especifican en primer lugar en irlandés, por doquier. En cambio, la mayoría sólo habla en inglés. Especialmente en Dublín, explica el guía Liam Hogan y atestigua Jesús, un blogger de viajes que estudió varios años en la capital de la ínsula esmeralda. En las Islas Aran, en la parte occidental, sí se habla irlandés. Betty dice que nunca lo utiliza. Según un estudio realizado en 2007, un 40,8% de la población era capaz de hablarlo.



Danza irlandesa y músicos folk en el National Concert Hall de Dublín.




  El gaélico irlandés es de las lenguas gaélicas el más antiguo, de forma que el manx (manés) y el escocés derivan de él. La isla irlandesa no estuvo colonizada en el imperio romano, y eso propició dicha pureza. Las fuentes escritas más antiguas de este idioma son las inscripciones Ogham realizadas en monolitos. La dominación noruega tuvo como consecuencia el resurgir de la producción de literatura irlandesa. Precisamente esta edición de St. Patrick´s Day evocó aquellos tiempos de vikingos y barcos.

  Irlandés de pro, el músico celta Brendan P. Lynch afirma que "el gaélico es nuestra primera lengua, pero no todo el mundo puede hablarla: depende de la región de la que procedes. En área de Donegal, Galway Waterford y Kerry se habla irlandés antes que inglés. Para el resto de nosotros el inglés está por delante y a partir de ahí, un poquito de irlandés", especifica.

  Brendan subraya la impresión que se tiene al recorrer Irlanda: "Nuestra lengua y la música (la cultura) nos hacen diferentes y estamos orgullosos de ello, pero no a todo el mundo le gusta la música irlandesa. Un montón de personas que tocan música también gustan de nuestros juegos nacionales, Hurling y Fútbol gaélico, otro vínculo que nos hace diferentes".



Tocando el arpa centenaria en el Irish House Party.





  Brendan, que forma parte de organizaciones musicales diversas y ha editado bastantes discos, como Legends of Tara, reabrió en 2013 uno de los establecimientos dublineses con una historia más interesante en relación a la música folk irlandesa. The Horse Shoe había sido comprado por John Kelly en 1945, convirtiéndose en una tienda donde muchos músicos famosos se encontraban y tocaban. Brendan ha respetado el nombre y promueve ahí sus dos pasiones: los violines típicos de su país y las acuarelas.

  "Dublín tiene una gran tradición de músicos que vienen o llegaron a la ciudad de áreas rurales, para trabajar. Había dos importantes clubes de música tradicional, The Pipers Club, aún muy fuerte, y The Church Street Club, actualmente demolido. En dichos clubes los músicos podían reunirse y tocar", explica Brendan, quien procede de una pequeña población de 300 habitantes. Allí, "en los 70 había aún algunos viejos músicos y aprendí de ellos, y de una profesora que vivía a dos millas. Mis padres querían que los cinco hermanos tocáramos un instrumento. Soy el único de la familia que continúa siendo músico".




The Horse Shoe, la recuperación de una tienda musical y artística centenaria.




  Brendan corrobora una impresión que se tiene al pasear Irlanda: "Hay música por todas partes". No es Leipzig ni Praga, pero resulta cierto que los irlandeses están muy familiarizados con lo musical, que tienen buen oído y que los conciertos a pequeña y gran escala forman parte de sus vidas. Por las calles y los pubs suenan desde Rihanna hasta U2. En Temple Bar, un músico callejero borda El hombre del piano. Desde Fáilte Ireland enumeran las muy diversas opciones de ocio relacionadas con la música en Dublín. Desde la ruta de música y danza tradicionales, pasando por festivales como el Temple Bar TradFest (todos los eneros), Fobidden Fruit (en junio, incluyendo artes escénicas y moda) y The Camden Crawl (en mayo, actividades entre esa calle y Temple Bar).

  El fin de semana anterior a esta edición de St. Patrick´s Day, pudimos disfrutar de excelentes voces y músicos, así como de Irish Dances. El sábado, en el National Concert Hall -iluminado de verde-, donde actuaron Frankie Gavin & De Dannan, The Bonny Men, The Ó Donnchadha Family y Céilí House All Stars Céilí Band. Los primeros, un grupo veterano de sonidos impecables, con una voz angelical al frente. Violines, chelo, tambores celtas. The Bonny Men, unos treintañeros con un gran poso y buen gusto, que juegan con instrumentos muy diversos de la tradición celta irlandesa. Entre los Ó Donnchadha, unos jóvenes músicos y cantantes que recordaban a esa sutileza perfecta de los gallegos Luar Na Lubre y la escocesa Fiona Kennedy...




Los pubs, centros de reunión muy musicales.




  En el caso del Irish House Party, la música fue más visceral, cercana, coloquial... Las bailarinas danzan con orgullo y alegría, con un taconeo tan difícil como el claqué. Entre los instrumentos, unos tambores típicos (Bodhran) que el músico golpea con gran destreza; la guitarra clásica; la flauta y la gaita; el violín y esa arpa centenaria, de la que extraen sonidos que transportan al cielo... En una famosa canción, The Irish Rover, el público participa dando palmadas al son de la música. Primero una, después dos, luego hay que ser ágiles y dar cuatro seguidas... muy divertido. Esa sala, que forma parte de un hotel secular, está adornada precisamente con una serie de instrumentos tradicionales, desde tiempos inmemoriales.

  Por ejemplo, Brendan actúa a menudo en Temple Bar. Los clanes (esos McKeons, por ejemplo) promueven estas actividades, y se suelen especializar en instrumentos como gaitas o violines. "Hay dos razones por las que los músicos tocan en los Irish Pubs. Por un lado, porque les gusta tocar y expresarse a través de su música, y por otro, porque el dueño del pub puede querer o ve el beneficio de tener música folk irlandesa en su local", señala Brendan P. Lynch. "No a todos los irlandeses les gusta la música autóctona. No es una regla exacta". En el caso de las mujeres, van entrando en este mundo aún más masculino, así como en los deportes gaélicos.



La ruta literaria, indicada junto a Saint Patrick´s Cathedral.



  La riqueza de la céntrica Trinity College también pasa por la música. Quizás porque música y libros en Dublín están más ligados que lo que conocemos en el Sur de Europa. Desde el pasado octubre y hasta este mes, la flamante Biblioteca alberga la exposición A millennium of music in Trinity College Library. Las más ancianas colecciones, la música dublinesa en el siglo XVIII, la folk... Esto hila con lo que comentábamos de la historia del gaélico. En la fílmica biblioteca hallamos los primeros relatos, en un par de manuscritos del siglo XII, escritos en verso y prosa. Hablamos del famoso Libro de Kells, que llegó a Trinity College en 1592.

  Además del asombro que produce este hermoso templo del saber, con fondo de música clásica y personas concentradas y absortas, nos retrotraemos a otros siglos, como ese XIX en que la literatura en irlandés tuvo un nuevo auge, en contraposición al idioma inglés dominante. Para apoyar dicho resurgimiento se creó a mediados de ese siglo la Liga Irlandesa.

  Junto con todos los efluvios de Beckett, Joyce, Swift, Wilde... "La ciudad fue la casa (y la cuna) de toneladas de escritores a través de los tiempos -James Joyce, Samuel Beckett, George Bernard Shaw, Oscar Wilde, Jonathan Swift, Bram Stoker, Oliver Goldsmith, Brendan Behan, Sean O'Casey, William Butler Yeats, John Millington Synge, Oliver St. John Gogarty, Patrick Kavanagh, Seamus Heaney-, por mencionar a los más famosos. Hay varias rutas literarias", indica Helen O´Neill, periodista nacida en Dublín y residente en la actualidad en Estados Unidos. Una de ellas, recuerda, sigue los pasos de Joyce y su complejo y mítico Ulises. Ahí donde el célebre escritor dublinés creó un estilo de narración idéntica al pensamiento concatenado, de modo que apenas había separaciones, puntos y párrafos. Algo parecido haría más adelante Luis Martín Santos con su Tiempo de Silencio.



A Wilde lo encontramos en muy diferentes sitios y formatos. Una de sus célebres frases: "...pero algunos miramos a las estrellas".




  Ciudad de la Literatura desde 2010, Dublín bien merece una visita siguiendo los pasos de los Dubliners de Joyce, esos personajes tan diversos que hace circular por la capital irlandesa de hace más de un siglo. Desde políticos corruptos, pasando por gitanas, sacerdotes, músicos, poetas... precisamente describiendo ese caldo de cultivo del que hablamos en este post.

  En Grafton Street se halla Dubray Books, una amplia librería, bastante famosa y completa, donde poder encontrar lo más interesante relacionado con la cultura irlandesa. Desde cuentos llenos de hadas y lepricornios -tal y como se reflejó en la fiesta del pasado 17 de marzo que afecta a la tradición irlandesa-, pasando por novelas y poemas, libros históricos y centrados en San Patricio. Al pedirle al librero algún ejemplar del Dubliners de Joyce, despliega más de una docena, en todos los formatos. Estamos en el lugar adecuado.

  Al ir a pagar, llama la atención un libro de bolsillo: 20 cosas para hacer en Dublín antes de tomar una jodida pinta. Estas son las cosas de los irlandeses, que parecen tan serios pero enseguida te sueltan una gracia. Las posibilidades son muchas, tal y como vemos en un amplio cartel junto a la Catedral de Saint Patrick, que invita a seguir los pasos de los autores. En bibliotecas y museos van rotando exposiciones monográficas sobre ellos, y asistimos recientemente a una de Butler Yeats. Helen prepara un texto de cara a Bloomsday (el gran Festival Joyciano, que tendrá lugar el 16 de junio), y propone también una senda literaria por los pubs "que es maravillosa", además de los museos de los autores y decenas de librerías (y Trinity College, "of course").


¿Cuántas versiones del 'Dubliners' de James Joyce conoce? En la famosa librería Dubry despliegan más de una docena...



  Para más información sobre la Ciudad de la Literatura pueden contactar con www.dublincityofliterature.ie. Ahí comprobarán que este mes tiene lugar Dublin: One City, One Book 2014, con una colección de poemas, baladas y canciones que se pueden adquirir en librerías y tomar prestados en bibliotecas. Hay otros eventos, como el Éigse Michael Hartnett Literary & Arts Festival o el Words on the Street. Entre otros hitos, la ciudad alberga el IMPAC Dublin Literary Award, premio de gran prestigio internacional.

  Dublín se siente orgullosa de Jonathan Swift, Oscar Wilde y James Joyce, "uno de los escritores más innovadores e influyentes en la lengua inglesa", describe Dublin, City of Literature, recordando los cuatro premios Nobel de Literatura: George Bernard Shaw, los poetas W.B. Yeats y Seamus Heaney, así como el "multifacético" Samuel Beckett. Según los expertos, a través de sus "grandes autores, la diáspora de Dublín ha ejercido una influencia incomparable en el mundo como una experiencia cultural única y vasta con las literatura", mientras se expande "la influencia de la literatura de la ciudad por los cuatro costados del mundo". 

 Qué decir de Oscar Wilde que no sepan. Uno de los escritores más brillantes de todos los tiempos, sus obras de teatro son una absoluta delicia. Si tienen ocasión, léanlas en inglés, y captarán todo ese fino humor del irlandés elegante (es de imaginar que mucho de esa patina tiene que ver con su paso por Oxford). Desde la brillante El abanico de Lady Windermere, pasando por la perfecta La importancia de llamarse Ernesto o la profundidad de El retrato de Dorian Gray. Salomé la escribió en francés, y en pleno apogeo de su éxito, cuando Ernst estaba en los escenarios, Wilde fue condenado a dos años de trabajos forzados, tras demandar al padre de su amante por difamación. Su vida no fue fácil, rodeada por el escándalo de su homosexualidad, y murió en la pobreza en París. Legando una obra soberbia.


Wilde se recuesta en su piedra de Merrion Square.



  Justamente el domingo anunciaba Efe que los textos de Wilde han sido reunidos en En prisión, antología en la que se podrá encontrar La balada de la cárcel de Reading y De profundis, redactadas en la cárcel. Además de teatro, novelas y ensayo, Wilde dejó un importante número de cuentos.

  Y, si Joyce experimentó con un Ulises vanguardista y sin parangón, Samuel Beckett nos regaló ese Esperando a Godot mítico, en el que dos hombres ven pasar la vida con un hálito de esperanza, llamada Godot. Premio Nobel de Literatura en 1969, Beckett fue un humanista que analizó la escritura desde la filosofía y la psicología, utilizándola a la vez para verter sus conocimientos sobre otras disciplinas.

  Cuántos autores a orillas del Liffey... cerca del cual, enfrente de Christ Church, se halla actualmente el Frederic Handel Hotel, en honor al compositor que vio aplaudido su Mesías con fruición en Dublín. A Handel le atraía mucho el carácter abierto y a la vez independiente de los irlandeses. Afecto que profesó y que le inspiró en sus trabajos. Bajo la fina lluvia que riega prados y flores, hermosas estampas de una ciudad llena de vida e historia...



Una de tantos viandantes posa para la foto junto a Molly Malone.




Escribí cuando no conocía la vida. Ahora que entiendo su significado, ya no tengo que escribir. La vida no puede escribirse; sólo puede vivirse
(Oscar Wilde)



Para más información: St. Patrick´s, la sonrisa internacional de Irlanda (El Tintero, 20 de marzo)
Reportaje sobre Dublín en el dominical del Diari Ara (30 de marzo)
Programa de radio en directo desde Dublín el 17 de marzo (St. Patrick´s Day)
Reportaje sobre Dublín, concurriendo en la Capitalidad del Diseño (Deia, 2011)
Dublín, Ciudad de la Literatura de la Unesco
Irish Writer´s Centre
Dubray Books
Galería fotográfica de Irlanda, ampliada con este viaje, y la de La Irlanda más verde
Tras los pasos de Szymborska y Conrad (El Tintero, Onda Vasca, Diari Ara 2013-2014)
Berlín, nido de talentos (El Tintero, Deia 2013)
Leipzig, la música tiene alas (El Tintero, revista ON) y La alargada sombra de Wagner (su año Jubileo y sus sucesores)
Reportaje sobre Escribir en Castellano en Nueva York (Qué leer, El Tintero, Lupi)
Próximamente informaré sobre los secretos de la gastronomía irlandesa
Reportaje sobre la 'locura' de Juego de Tronos (Deia, abril 2014)

4 comentarios:

  1. Muy buen reportaje, excepcional. Te felicito.

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  2. ¡Gracias, Luis! Viniendo de ti me lo tomo como un gran halago. Y es que Luis es un veterano e intrépido reportero, amante de la Naturaleza, de los viajes y de las cosas bien hechas... Para comprobarlo, pueden pasearse por su Revista Ibérica, que también tiene versión digital.

    Seguimos adelante, arriero! :-)

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  3. Un maravilloso viaje a Dublín a través de tus palabras.

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  4. ¡Gracias, Chus! Otro halagazo, ya que Chus es una estupenda escritora, que siempre nos sorprende con su gran imaginación... Como se puede observar, por ejemplo, en su programa de radio (donde yo tuve la oportunidad de hablar con ella de rutas literarias, especialmente por Berlín):

    http://www.gestionaradioalicante.com/?page_id=52

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